4.18.2010

The beginning of the end




Los volcanes siempre han despertado un inexplicable interés en mi, desde que era bien niño. Las rocas y los minerales en Conocimiento del Medio. La tectónica de placas, las formaciones en puntos calientes, la cámara magmática, los ripios plutónicos, quarzo-feldespato-mica; en Ciencias de la Tierra. Y todo esto, mucho más científico, en las 2 únicas asignaturas a las que iba a clase durante primero de Agrónomos en la UPV: ASA (AguaSueloAtmósfera) y Geología. Pero la fascinación por estos conos pétreos que vomitan el alcohol de las entrañas de la tierra nació a partir de un libro didáctico de Alfaguara: VOLCANES.

Krakatoa

Vesubio

Etna

Mauna Loa

Piton de La Fournaise

Kilaucea

Teide

...

Eyjafjallajökull


Y aunque parezca que su nombre sea un insulto escandinavo, este volcán con un sentido del humor islandés está echando la pota después de una cogorza propia de un vikingo, y su bilis y sus jugos gástricos, sapos y culebras, Eyjafjallajökull, y sus ventosidades, y su alitosis... van a darle un poquito por culo al Planeta, pero no a la Tierra, en sí, que de vez en cuando tiene estas cosas, sino al Planeta humanoide, colapso aéreo de una magnitud desconocida e incalculable, lluvia ácida, nubes grises, cenizas, The Road, alteraciones térmicas, cambios climáticos globales y locales.

Un dato: el volcán Chaitén, en Chile, lanzó una ingente cantidad de restos de cenicero a la atmósfera en 2008. Este volcán se encuentra en la región de Los Lagos (42°50′S 72°39′O) a la misma latitud que Buenos Aires. Ese invierno, fue el más crudo que se recuerda en la capital argentina. La pluma de cenizas en la atmósfera que envolvió esta franja de Sudamérica se convirtió en un sombrajo muy denso en el borde entre troposfera y estratosfera.

En el otro lado del Pacífico, un volcán polinesio de cuyo nombre no consigo acordarme lanzó tal brutalidad de materiales a la atmósfera que amortiguó el calentamiento global, deteniéndolo, a nivel planetario, durante casi dos años. Y estos datos no suelen tener mucho eco en los medios.

La Tierra nos advierte de vez en cuando. Deja que se vayan de fiesta los volcanes, y que de las consecuencias de las melopeas de algunos de ellos, saquemos conclusiones. Como los volcanes se pongan en modo cierrabares vamos a flipar. No es una predicción apocalíptica. A los hechos me remito. Centenares de aeropuertos bloqueados y otros tantos saturados por el bloqueo de los anteriores. Miles y miles y miles de pasajeros aerotransportados que llevan horas y horas puteados en esos invernaderos, diseñados por el demonio, que son los aeródromos mastodónticos. GP de Japón, motos, aplazado hasta el otoño. El Barça viaja en autobús a Italia, ché, igual que nosotros en el viaje de fin de curso en 2º de Bachillerato. Las catástrofes ambientales son, pues, democratizadoras. Nos igualan. Caos. Confusión. Ira. Retrasos. Alteraciones. Y esto sólo es el principio. Sólo es la resaca de un volcán vikingo que llevaba una curda de espanto.

Esto es lo que hay. El hombre jode a la Tierra. La Tierra desatiende a sus criaturas magmáticas. Se le suben a las barbas. Y mira lo que pasa cuando desparraman. Zafarrancho.

Y al hilo de estas reflexiones sobre las salidas nocturnas volcánicas, me viene a la mente este texto de Heine:
"La vida y el mundo son el sueño de un dios ebrio, que escapa silencioso del banquete divino y se va a dormir a una estrella solitaria, ignorando que crea cuanto sueña... Y las imágenes de ese sueño se presentan, ahora con una abigarrada extravagancia, ahora armoniosas y razonables... La Ilíada, Platón, la batalla de Maratón, la Venus de Médicis, el Munster de Estrasburgo, la Revolución Francesa, Hegel, los barcos de vapor, son pensamientos desprendidos de ese largo sueño. Pero un día el dios despertará frotándose los ojos adormilados, sonreirá, y nuestro mundo se hundirá en la nada sin haber existido jamás."

Probablemente, estuviera latiendo en mi subconsciente, lo del sueño del dios ebrio. Y mi vuelta de tuerca ha ido, en modo perforadora, atravesando la corteza terrestre. De dentro hacia fuera. Tal y como lo del sueño del dios ebrio, estaba bajo mi corteza craneal, y por una chimenea que alcanza las yemas de mis dedos, llega a esta pantalla.

Sí, me encantan los volcanes. En mis sueños, a veces, me voy a un islote de lava negra, frente a un volcán, y hago fotos mientras vomita. Y luego le etiqueto.


In situ: Enorme crónica de Jesús Calleja atrapado en Islandia

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