3.27.2010

Brighton


Un día luminoso para estar en la Pérfida Albión, gris, pero aún así luminoso, en comparación con la media anual. Y eso que aquí, en el sur, el clima es más agradable que en aquellas Highlands que me hechizaron un lustro atrás.

Cuatro horas de absoluta libertad por las calles de Brighton.

Y mis pies me han llevado al mar. Al seafront. Un paseo marítimo con un peculiar skyline que combina edificios de comienzos de siglo con algún hotel enorme y alguna que otra mole de cemento, de forma alterna.

Haciéndole fotos desde un pequeño malecón a la feria del Pier he girado 270º y me he dirigido hacia poniente, paseando por la playa, entonces, las nubes se han abierto iluminándome, y me he dispuesto a fotografiar cualquier imagen susceptible, ante mis ojos, de ser capturada.

Unos borrachos, que olían a rosas, en la proa de un malecón cuyo punta era como la quila de un barco pétreo pulida por los lametazos del mar.



Una pareja ultramoderna: ella con un tocado de plumas sioux que le llegaba por las rodillas y él, parecía el primo pequeño de Richard Ashcroft. Pero es que además iban filmándose con una Super8. Oh! Que cool. Qué guays somos.





Las ruinas del antiguo Pier, el del Oeste, a un cuarto de milla mar adentro me habían llamado la atención desde que llegué al seafront. Y hacia allí me he encaminado. Cuando he alcanzado un pequeño dique de esos que se intercalan en las playas para sostenerlas, me he sentado.

Llevaría 15 minutos allí, mirando el mar, cuando he decidido hacerme uno. Conforme me lo encendía se ha acercado por mi derecha una rubia que llevaba una capa élfica ceñida al cuerpo, o similar, con la capucha puesta. De repente, se ha puesto de cuclillas, ha recogido unas piedras que ha guardado en su bolsillo y ha venido hacia donde estaba yo sentado, y con un brinco grácil (casi élfico) se ha subido al dique y ante mi ha saltado al otro lado del murete haciendo ruido sobre las piedras húmedas.

Diez metros más allá, hacia el oeste, se ha sentado en la playa y ha comenzado a hacer fotos, también. He seguido fumándomelo y tras matarlo, he pillado la Canon y me he aplicado en fotografiar, disimuladamente, a la guiri en cuestión; guiri que en un primer momento parecía autóctona, pero al saltar frente a mi, he visto que su bolsa al cinto era Lowepro(fundas para cámaras), lo cual me ha indicado que, como yo, también debía ser turista.

Y así, haciéndole fotos, cuando ella miraba hacia la puesta de sol han transcurrido los minutos siguientes, en los que aún se han abierto más las nubes, dejando pasar un mayor torrente lumínico, y generando un aura neblinosa y a la vez refulgente, en torno a las cercanas ruinas, como de un antiguo palacio de cristal en el mar, a unos pocos cables de distancia de la costa.

Entonces, no sé porqué, he hecho un paneo lateral con la cámara, con el ojo pegado al visor y, oh! sorpresa, la he pillado fotografiándome. Claro, igual que para mí ella era susceptible de ser congelada en píxeles dentro de la Canon, yo también debo haberlo sido para ella. Y con la cámara en mi rostro haciendo girar el zoom para acercarme más a ella, le he sonreído. Y a través del objetivo he visto como ella me devolvía la sonrisa y mutuamente, nos hemos hecho fotos.

Tres minutos después ella se ha puesto de pie y acercándose me ha preguntado, conforme señalaba a la cámara: Nice pic? Le he sonreído asintiendo y le he respondido You too?. Y ha sonreído, de nuevo.

Al subirse al murete y sentarse a mi lado ha visto, con sorpresa, el plano de Brighton, y me ha dicho:
- Where are you from?
- Spain.
- Oh! Entonces podemos hablar en español.

Nos hemos mostrado nuestras respectivas fotos. Las suyas, me ha gustado hacerlas. Y mis fotos que ha hecho ella, tenían una composición cojonuda.

A raíz del feedback fotográfico he descubierto que era de Berlín, que había vivido en Barcelona, que estaba de eurotrip, que en un par de horas debía tomar un vuelo para regresar a su tierra, que quería ser maestra, que le encantaba el sonido del mar, que no quería volver a casa, que allí le esperaban (por este orden) sus gatos, su madre y su novio, que adoraba la primavera y que se llamaba Susanne.

Ah! Y que nos veremos en Berlín, si todo va bien, dentro de 2 meses.


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