Desde este sexto piso se divisa toda la ciudad universitaria, nada interfiere en el paisaje de este campus... por que ninguna edificación más alta me impide contemplar el horizonte de luces de las ciudades-dormitorio, allá a lo lejos; y mucho más cerca, las facultades silenciosas que reposan del bullicio diurno, configuran un cementerio de bloques pétreos, que despertarán al amanecer...
A mi espalda, la habitación que ya empieza a caldearse con objetos, enseres, ropas, recortes, pósters. Un habitáculo amplio que, inicialmente, parecía una celda monacal y que con el paso de los días va cobrando vida, va siendo personalizada, ahumada, ambientada, acondicionada...
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